sábado, 7 de junio de 2014

Curiosa presentación de "La fiesta"

Hace casi una semana que terminó la Feria del Libro. El último día (el primero de junio) asistí a la presentación del libro “La fiesta”, y durante todo ese proceso ocurrieron algunas cosas curiosas de las cuales les cuento a continuación.

Primero, hay que ubicarnos en el contexto. Luego de dos horas paseando por la Feria con mi novio, íbamos de los más relajados, caminando fuera de los pabellones. Estábamos viendo qué hacer hasta las ocho y media, hora en la cual se presentaría la obra “Romeo y Julieta” en el pabellón infantil.

De repente, una señorita vestida de manera formal nos intercepta e invita a asistir a la presentación del libro “La fiesta”, que se llevaría a cabo en el salón a sus espaldas.

Le agradecimos, diciéndole que iríamos, tal vez más para que nos deje ir que siendo sinceros. Y apenas habíamos avanzado tres metros cuando otra señorita, con un atuendo idéntico al de la primera, se nos acerca y nos invita a la misma presentación, sólo que esta vez sonó algo más suplicante. Por su tono de voz, deduje que les hacía falta público. Mi sospecha se vio confirmada cuando mi novio le preguntó a qué hora sería esta actividad, y ella respondió que estaba programada para las siete en punto, pero como no había mucha gente la habían retrasado un poco. Eran las 19:18.

“Bueno, puede servir para hacer tiempo.”

Al ingresar en el salón (sin la menor idea de qué podíamos esperar), la presentación ya había empezado.

Un hombre canoso, cuyo tono de voz me hizo pensar en un abuelito contándole cuentos a sus nietos, se encontraba al frente llevando la palabra, mientras nosotros nos ubicábamos silenciosamente en un extremo de la blanca habitación.

El autor, Pedro Basaure, junto a su obra
Ya acomodados en las sillas de plástico, dirigí mi atención al señor identificado como Pedro Basaure Forgues, que en ese momento  preparaba al público para  contarles de su libro con la frase “los novelistas decimos la verdad hasta cuando mentimos”.





Sobre su obra, esto fue lo que entendí:




El libro de Basaure es una novela cuyo tema central es la corrupción. El autor tomó hechos reales y personajes ficticios para mostrar cómo existen personas íntegras en la sociedad, pero otros los inducen al mal. El título “La fiesta” hace alusión a la costumbre boliviana de festejarlo todo.
Este escritor demuestra  a través de la historia de su libro que en la vida también hay gente positiva y buena que provoca desear seguir viviendo. Y por otro lado hay gente mala, los “satanes”, que inclinan a las personas a la corrupción.





Luego de pocos minutos, el escritor calló, pero me pareció que pocos de sus oyentes nos dimos cuenta de que había terminado.  Esto se notó mucho más cuando nadie se movió de su asiento, nadie se puso de pie, pese a que la presentación había concluido. Fue muy gracioso, aunque me dio un poco de pena por el escritor,  porque  Basaure tuvo que decir “eso es” para que el público reaccione y desaloje el lugar. Casi parecía que los visitantes querían más.

Pero lo que creo que pasó en realidad fue que la gente no sabía a qué iba.  Las personas fueron invitadas a aquella actividad sin mayor información que el nombre del libro y su autor. La invitación que hacían las azafatas era impulsada por la necesidad de audiencia, lo cual provocó que asistieran personas a las que (probablemente) ni les interesaba  la temática de la obra, pero eso no podían saberlo precisamente por la escasa información que proporcionaban al momento de invitar.

¿Dónde radica el problema?
En mi opinión, todo se reduce a la falta de información. En tres ocasiones asistí a la FIL, y en ninguna de ellas conseguí un programa con todas las actividades a realizarse. Si me perdí de algo, no sé qué fue.

Y claro, sin un programa a la mano, las personas no saben que el libro “La fiesta” será presentado el día “x”  a la hora “y”. En consecuencia, las azafatas se ven en la necesidad de mendigar espectadores, espectadores a los cuales tampoco se les dice todo lo que requieren saber. 

Sin un programa a mano, la presentación debe retrasarse por falta de audiencia, asisten personas a las que no les interesa, no van aquellos a los que sí les atrae el libro, el público se queda esperando algo más y el autor debe señalar que terminó de hablar.

Y esta anécdota es un recuerdo más de la desorganizada (o quizá improvisada) organización de la Feria del Libro del 2014.


(Fotografías: Andrea Villarroel)