jueves, 29 de mayo de 2014

Algo más que un vistazo a los baños...

Luego de más de una hora paseando con mi hermano por la Feria del Libro, "la naturaleza llamó" y salimos del pabellón en el que nos encontrábamos en ese momento, buscando los baños.
Los encontramos "al fondo, a la derecha", en una esquina más oscura que el resto que me hizo temer ir allí sola y considerar lo fácil que sería cometer una violación en esas condiciones (la oscuridad reinante, la distancia que separaba los baños de los pabellones, el silencio en esa zona). Las entradas a los servicios, sin embargo, estaban iluminadas por las luces del techo.
Un letrero nos guió hasta nuestro objetivo
Las luces del techo iluminaban la entrada a los baños
Con ánimo de inspectora y cámara en mano, crucé la puerta azul identificada como el baño de damas.
Una vez dentro, fui testigo de una desconsideración social.
Cuando yo entré, había ya otra mujer esperando. Una señora con su pequeña hija ingresó después de mí. No había ningún baño desocupado en aquel momento, y la señora se veía ansiosa porque era su niña quien necesitaba orinar. Entonces la puerta de uno de los cubiles se abrió, su ocupante se marchó y oí a la madre de la pequeña pedir que la dejaran pasar primero, que la niña ya no aguantaba, al mismo tiempo que corría hacia la puerta abierta. La otra mujer, no obstante, la ignoró y se metió dentro sin mirarla siquiera.
Cuando la siguiente puerta fue abierta, yo no me moví en absoluto; la señora que seguía esperando con su hija volteó a mirarme y, con una mezcla de timidez, inseguridad y súplica, me preguntó "¿puedo pasar primero?". "Claro, claro", asentí tranquilamente.
Qué falta de consideración de parte de la primera mujer. En fin, no sé por qué siento que una voz interior me dice que eso es común, al menos aquí.
Después de este incidente, cuando pude disponer de un inodoro, empezaron mis problemas. Desde que entré al baño sentí algo desagradable, y no me refiero sólo al mal olor imperante en el ambiente sino a lo pegajoso del suelo. Como cuando un charco de Coca Cola se seca en el piso en lugar de ser limpiado, y al pisarlo puede sentirse y hasta escucharse las suelas de los zapatos pegándose y despegándose de él. Exactamente así se sentía el piso de este baño. Y si así se sentía el piso, no quería saber cómo estarían las paredes, puertas o perillas.
Fue por esta repulsión que el cuarto me causaba que no supe qué hacer con las cosas que cargaba en mis brazos al momento de hacer uso del servicio. Traía un abrigo, el bolso que llevo a la universidad y una bolsa que me entregaron en un estand. Mucho bulto. ¿Los dejaría en el suelo, de cuya higiene dudaba seriamente? ¿O los mantendría en mis brazos, cosa bastante incómoda y poco práctica? Resolví dejar la bolsa de plástico en el piso (no me importaba mucho) y el resto de mis cosas las puse sobre la bolsa, de modo que no hubiera contacto directo de ellas con la suciedad.
Así se veían los baños, bastante más limpios de lo que esperaba
Ahora bien, el primer desperfecto que rápidamente noté fue que el botón que normalmente se pulsa para hacer fluir el agua del retrete y llevarse los excrementos con ella no estaba. O en realidad, sí estaba, pero en su forma más básica, más primitiva y menos atractiva a la vista.
Esto era lo que debía presionarse para hacer fluir el agua del inodoro
Además de esto, al espejo más grande del baño le faltaba una esquina, los bordes de los lavabos estaban gastados y rotos, había un agujero en una parte del techo, y una tabla, que supongo que fue pensada para que las madres cambien el pañal de sus bebés sobre ella, estaba tan rota, tan débil e inestable que, honestamente, yo no pondría a mi hijo ahí.
El espejo de cuerpo entero, sin una de sus cuatro esquinas 
La tabla rota, signo de descuido
El agujero en el techo
Los bordes de los lavabos estaban desgastados
Pero el "broche de oro" me lo llevé cuando, justo antes de salir, me agaché con curiosidad para mirar debajo de los lavamanos. Y he ahí dos pequeños invertebrados amigos, que refuerzan la imagen de "lugar no higiénico" que se formó en mi mente y hacen que me entren prisas por marcharme.
Y en una esquina del baño...
Ya fuera, le pedí a mi hermano (que todo el tiempo me estuvo esperando) que entrara al baño de hombres y fotografiara cuanto desperfecto o detalle curioso viera. Unos pocos minutos después, ya estaba de vuelta. Al ver sus fotos quedó confirmada la diferencia entre el estado de ambos baños.
También el baño para hombres tenía el techo roto
Grafitis en las paredes del baño de varones
Me dijo que, fuera del mal olor, un techo roto y unos grafitis, no pudo encontrar más, ni un pequeño insecto en una esquina. Aun así, no me fío de la limpieza de estos lugares. Son públicos después de todo. Pero es curioso cómo digo eso, como si fuera justificativo suficiente, como si "suciedad"; "descuido" y "falta de higiene" fueran sinónimos de "uso público".
¿Qué me dice eso de nuestra gente (y me refiero a los cruceños en general)? Sin duda, mi experiencia total en el baño es evidencia de lo poco que muchas personas cuidan las instalaciones de uso comunitario, de la falta de valores en una parte de nuestra sociedad y de la casi inexistente preocupación por tener unos baños presentables en la Feria.
Si nos ponemos a pensar, la Feria Internacional del Libro es de Santa Cruz, por ende, nos representa en cierta forma ante el resto del mundo, del cual llegan extranjeros con intenciones de conocerla. ¿Es esta la imagen de nosotros que queremos darles?