viernes, 1 de marzo de 2013

La madre del cordero del Autobombo

El Colectivo Autobombo siempre ha sido un colectivo heterodoxo, pero con esta entrada se atestigua la paradoja más flagrante: que un grupo de autoafirmación literaria no haga acuso de recibo de la publicación y exitosa recepción de la novela de uno de sus miembros, es, cuanto menos, curioso. Podemos aportar distintas explicaciones: de excusas y retruécanos nunca estuvimos faltos. Pero si bien es cierto que el Colectivo se originó para dar apoyo a unos impulsos que, con una novela, alcanzan la mayoría de edad, no lo es menos que celebrar un evento literario supone una clarísima actualización del principio 4º de nuestro programario: "Muéstranos lo que tienes dentro, porque si yo lo hago yo digo que es bueno y si tú lo haces yo te apoyo en ello." Aunque las numerosas y laudatorias reseñas no lo hagan necesario, ahora es nuestro turno de apoyar.

El anarquista que se llamaba como yo (Acantilado, 2012) supone la puesta de largo de un autor con cuya excelencia los seguidores de este blog y sus diferentes publicaciones ya estaban familiarizados. No por ello, el resultado de este pulso narrativo es menos impresionante. Mezclando (¿cómo si no?) realidad histórica e historización realista, la novela sugiere itinerarios para deambular por rincones poco transitados de la memoria histórica e ideológica de España y del mundo. Con un control narrativo realmente afinado, capaz de alternar el folletín con la peripecia, el panfleto con la comedia, y el documento con la tragedia, los acontecimientos que marcaron el primer cuarto largo del siglo XX se materializan en los vaivenes de un Pablo Martín Sánchez que trata de soñar, amar y luchar, mostrando que acaso estos tres verbos tienen acepciones que los hacen sinónimos.

En el más puro estilo autobombástico ("Creo en Autobombo"), debemos notar también, sin que ello reduzca el mérito de El anarquista, que sin el Colectivo esta novela no hubiera sido posible. Agazapados en sus páginas, en forma de inverosímiles tocados revolucionarios o pitanzas extemporáneas, los miembros del Colectivo, sus preferencias y atributos contribuyen, una vez más, a construir un universo narrativo donde resuenan las voces del siglo, así como las de sus miembros: ¡Porqué tú lo vales!