domingo, 1 de abril de 2012

ALEXANDER FLEMING Y WINSTON CHURCHILL

Un agricultor pobre de Inglaterra se encontraba cierto día trabajando en el campo, cuando de pronto escuchó gritos provenientes desde el pantano de alguien que solicitaba ayuda. Dejó sus herramientas y corrió presuroso hacia donde se escuchaban los angustiosos gritos.

Hundiéndose en el pantanoso fango se encontró a un pequeño aterrorizado, que trataba infructuosamente de salir, pero entre más se movía más se hundía en el fango. El agricultor salvó al niño, más no sin grandes dificultades.

Al día siguiente, un pomposo carruaje llegó hasta el pequeño terreno del agricultor, y de él bajó un noble inglés elegantemente vestido, quien se identificó como el padre del pequeño que Fleming, el agricultor, había salvado.

El noble agradeció al agricultor el que salvara a su hijo y le ofreció una recompensa, más el campesino se negó rotundamente a aceptarla, porque le parecía más que suficiente el haber tenido la oportunidad de hacer un acto de esa índole.

En ese momento el hijo de aquél humilde hombre salió a la puerta de la casa de la familia. Y el noble le propuso llevarlo con él y pagarle una buena educación. Así estaría retribuyendo de alguna forma el que se hubiera salvado a su hijo.

El campesino aceptó la propuesta y su hijo con el paso del tiempo se graduó en la Escuela de Medicina y fue tan brillante que su nombre hoy es recordado: Sir Alexander Fleming, el descubridor de la Penicilina.

Por cierto que el hijo de aquél noble que estuvo a punto de perecer en el pantano cayó años después enfermo de pulmonía y por supuesto que fue salvado gracias a la Penicilina. O sea que una vez lo salvó el padre y otra vez lo salvó el hijo.

¿Su nombre? Sir Winston Churchil, uno de los hombres más ilustres de Inglaterra.