lunes, 29 de agosto de 2011

LA TIERRA Y LA LUNA

Hay quien afirma que, sin La Luna, la vida en la Tierra no hubiera sido posible. Quizás sí habría habido vida en la Tierra sin la existencia de la Luna pero, desde luego, no como la conocemos.

Para empezar, si no hubiera Luna, la Tierra daría una vuelta cada 8 horas en lugar de cada 24. En un año habría 1.095 días de 8 horas. Con una velocidad de rotación como esa los vientos serían mucho más potentes de lo que conocemos hoy día, la atmósfera tendría mucho más oxígeno y el campo magnético sería 3 veces más intenso. Es evidente que la vida animal y vegetal habría evolucionado de forma totalmente diferente a como lo ha hecho. Que tengamos días de 24 horas nos favorece mucho para que los cambios de temperatura no sean excesivamente bruscos del día a la noche para nuestras formas de vida. Y si nos paramos a pensar un poco más, los relojes biológicos (en caso de existir) estarían ligados a un ciclo de 8 horas y no de 24.

La Tierra, por tanto, ha ido frenando su rotación. La razón de ello está en las mareas. El efecto gravitatorio de la Luna sobre la Tierra se ve muy bien a través del fenómeno de la subida y bajada de nivel de las aguas. Nuestra Luna provoca un achatamiento de las aguas en la Tierra de manera que estas intentan irse por encima del continente. Dicho continente, no obstante, no le deja y como resultado de ello y otros detalles más sutiles, tenemos una fricción que hace que nuestro planeta vaya disminuyendo su rotación poco a poco. Y si la Tierra ralentiza su rotación, la Luna debe alejarse.

La Luna no gira alrededor de la Tierra: ambas giran alrededor de un punto común situado entre ellas dos llamado centro de masas del sistema. Como la masa de la Tierra es 88 veces la de la luna, ese punto está 88 veces más cerca de la Tierra que de la Luna y ese punto cae dentro de la propia Tierra. Si estuvieran más cerca una de otra, girarían más rápido ambos cuerpos alrededor del centro de masas, pero si se alejan giran más despacio. Así que mientras la Luna se aleja poco a poco en un movimiento espiral, la Tierra frena su rotación. El retraso de la Tierra es relativamente fácil de detectar: cada siglo tarda 1.5 milisegundos más en dar una vuelta. La cosa cambia cuando queremos medir el alejamiento de la Luna. ¿Como medir una cosa así?

El ritmo de alejamiento no ha sido el mismo a lo largo de la historia. La fricción de las mareas era mayor cuando la Luna estaba más cerca de la Tierra, dado que estas eran más fuertes (o más altas, como queráis); y la rotación de la Tierra se frenaba mucho más deprisa mientras la Luna se alejaba más rápidamente que lo que hoy día lo hace. Se ha calculado que hace unos 4.000 millones de años la rotación de la Tierra era de unas 13 horas y la Luna estaba a unos 18.000 km en lugar de los aproximadamente 380.000 que está ahora.

Esto siempre y cuando la Luna estuviera allí en esas fechas. Llegados a este punto, cabe cuestionarse si la Luna tiene la misma edad que la Tierra o es muy posterior. Pues bien, algunas muestras traídas por las misiones Apolo se han datado en unos 4.500 millones de años, así que podemos concluir que tiene tanta edad como la Tierra con una diferencia, en todo caso, de unos pocos millones de años.

Bien, ¿y hasta cuando se irá alejando la Luna? Pues hasta el momento en que la Tierra gire de manera que la Luna esté siempre en el mismo punto por encima de ella, en lo que hoy llamamos órbita geoestacionaria. En ese momento no habrá subidas y bajadas del nivel del agua (debidas a la Luna, aunque sí las habrá debidas al Sol); no habrá rozamiento con respecto la Tierra debida a la Luna. Todos estos datos se han metido en un ordenador y se han hecho una serie de cálculos con ellos. Los resultados dicen que esto sucederá cuando un día en la Tierra dure aproximadamente 47 hora.
Desde hace varios millones de años la Luna se separa de la Tierra a un ritmo lento pero constante. Los cientificos calculan que la tasa de alejamiento es de unos 3,8 centímetros al año, lo que a largo plazo llegará a separar a la Luna hasta una distancia crítica. Sin embargo, los astrónomos creen que dentro de 5.000 millones de años, la Luna volverá a acercarse a la Tierra y acabará por esintegrarse al superar el denominado límite de Roche (a unos 18.470 kilómetros sobre nuestro planeta) estallando en miles de fragmentos y formando un espectacular anillo, como el de Saturno, alrededor de la Tierra.