domingo, 31 de julio de 2011

Pequeñas historias de un niño llamado Max

El pequeño Max corre hacia el huerto para recoger unos tomates y arrancar unas cebollas y una lechuga para la comida. Hay cuatro tomates grandes y muy maduros que huelen a azufre y a verde oscuro. Los pone en la cesta y mira las lechugas. Estan muy tersas, estirándose hacia el sol. El pequeño Max recoje la más tupida antes de que se espigue y la pone también en la cesta. Por último, salta el bancal para llegar hasta las cebollas. Max agarra fuerte el tallo de una de ellas y tira con fuerza. La tierra cede ante el ímpetu del niño, pero el impulso ha sido excesivo y Max cae de espaldas al tiempo que la hazada perfora su yugular como semilla plantada en su tierno cerebro. La sangre empapa la tierra, cada vez más roja, que la absorbe sedienta bajo el tórrido sol de mediodía.