sábado, 2 de julio de 2011

LA FORTALEZA DE ALAMUNT

Alamut, era una grandiosa fortaleza, que se encontraba en medio de los montes de Elburz, al norte del actual Iran, no muy lejos del mar Caspio, donde el terreno árido y desolado se convierte en agrestes cordilleras y valles recónditos de una naturaleza exuberante. Al sitio se le conocía como “el nido del águila”, y era un lugar prácticamente impenetrable. Enormes paredes verticales de cientos de metros de roca impedían cualquier intento de acceder a la fortaleza por otro camino que no fuera el angosto pasadizo que llevaba a la puerta principal, siempre resguardada por fieles seguidores del que fuera conocido como “El Viejo de la Montaña”.
Se llamaba Hassan Ibn Sabbah, un líder fanático de la fe ismaelita cuyo corazón se encontraba lleno de odio y sed de venganza. Tiempo atrás había jurado vengarse algún día del visir Nizzam, debido al cual Hassan había perdido el favor del sultán. Y este turbulento sentimiento le llevó a reclutar jóvenes de los míseros pueblos de la comarca para fundar su imperio. Estos jóvenes se sometían absolutamente a su voluntad, el cual los entrenaba e inflamaba en la defensa de su fe, con promesas de un paraíso que podía mostrarles en vida.
Hassan había construido en su fortaleza el jardín más hermoso del mundo. Tenía toda clase de frutos, alrededor de los más hermosos palacios de la tierra, llenos de pinturas de animales y pájaros.
Había cañerías que fluían algunas con agua, otras con vino y otras con miel. El sitio era atendido por hermosos muchachos y muchachas que sabían tañir, cantar y bailar. Ahí solía llevar a pequeños grupos de sus seguidores para que conocieran lo que era una pequeña parte del paraíso. Tan solo llevaba a tan hermoso lugar a aquellos jovencitos destinados a una misión importante. Días antes de partir, Hassan drogaba a los elegidos sin que se dieran cuenta y los trasladaba en trance hasta su réplica secreta del paraíso. Eran recibidos por las doncellas que los acompañaban con cantos, placeres y diversiones, de modo que tras aquella deslumbrante experiencia, estarían dispuestos hasta dar la vida con tal de volver al paraíso, ya que sabían que la muerte sería su ingreso directo a aquél portentoso sitio de maravillas.
Los sarracenos de la comarca creían verdaderamente que ése era el paraíso. Por ello se convirtieron en los más temidos asesinos de la región. El primero en caer ante aquélla turba de fanáticos fue Nizzam-el-Molk, de quien Hassan había jurado vengarse, luego le siguieron muchos otros poderosos, en una espiral de atentados que se multiplicaban con los años, a medida que se ganaban más adeptos para la causa ismaelita.
El terror se expandió por toda Persia y dice la leyenda que el mismo Omar Khayyam, el ilustre poeta, llegó un día hasta los pies de Hassan con la intención de hacerle desistir de su locura. A pesar de que Khayyam y Hassan habían sido amigos en su juventud, no logró doblegar las perversas ideas de “El Viejo de la Montaña”. Khayyam se retiró de Amat y jamás pudo despejar la profunda tristeza y desilusión que le embargaba, al ver un mundo que enloquecía a su alrededor.
Parecía que nada podía detener la terrible máquina de terror que venía de aquellas montañas malditas. Hasta que un día llegó un enemigo más poderoso y terrible: los mongoles. El año de 1277 sitiaron la grandiosa fortaleza. No podían acceder a ella, así que sencillamente se quedaron rodeándola hasta que cayera. Se acabaron los frutos, se secaron los jardines, se agotaron las provisiones y llegó el hambre y la enfermedad. El hermoso paraíso terrenal se convirtió en sitio de basura y podredumbre. Fue por ello que Hassan un día abrió las puertas y cayó desfallecido ante sus enemigos quienes ahí mismo le dieron muerte.