viernes, 24 de junio de 2011

LAS VELAS


Parece ser que la vela se adoptó relativamente tarde para la iluminación casera. La más antigua descripción aparece en escritos romanos del siglo I d.C., y este nuevo invento se consideraba una obra de arte. Hechas de sebo, un extracto sólido casi incoloro e insípido de grasa de animal o vegetal, las velas eran también comestibles, y abundan los relatos acerca de soldados que, acosados por el hambre, devoraron sin titubear sus raciones de velas. Siglos más tarde, los guardianes de faros británicos, aislados durante períodos de varios meses, hicieron de la ingestión de velas una práctica profesional reconocida.
Incluso las velas de sebo más caras exigían que, cada media hora, se despabilara el extremo carbonizado de la mecha o pabilo, sin extinguir la llamar. Una vela que no se sometiera a esta operación, no sólo difundía una pequeña parte de su capacidad, sino que la llama, al arder muy baja, derretía rápidamente el sebo restante. De echo, en una vela que se dejara arder por sí sola, sólo se consumía el 5 por ciento del sebo, y el resto quedaba sin aprovechar. Sin que alguien las despabilara, ocho velas de sebo con un peso de una libra, se consumían en media hora. Un castillo en el que ardían cientos de velas de sebo por semana, requería un equipo de sirvientes encargados de despabilarlas.
Hasta el siglo XVII hubo compañías teatrales que contaban con un muchacho al que se confiaba esta tarea. Ducho en este arte, entraba de vez en cuando en escena, en ocasiones coincidiendo con un momento de tensión dramática, para recortar los pabilos carbonizados de las velas humeantes.
Aunque su entrada solía ser ignorada, si remataba con éxito la operación con todas las velas, el público le dedicaba un aplauso. Esta dif´cil tarea ya no tuvo objeto a partir de finales del siglo XVII, cuando se propagó el uso de las velas de cera de abeja, que se evaporaban parcialmente. La cera era tres veces más cara que el sebo, pero las velas fabricadas con ella ardían con una llama más viva.
La Iglesia católica ya había adoptado el lujo de los cirios de cera, y la gente muy rica los empleaba para las grandes ocasiones. Datos referentes a una de las grandes mansiones británicas muestran que, durante el invierno de 1765, sus habitantes consumieron mas de cien libras de velas de cera en un mes.
En el siglo siguiente, las velas de lujo serían la de cera blanquísimo y reluciente, la dura y amarilla de sebo vegetal, procedente de China, y la vela verde perfumada con laurel, utilizada en la costa nordeste de Norteamérica.
Se dice que las primeras velas fueron desarrolladas por los antiguos Egipcios, quienes  “Velas de Junco” o antorchas empapando los carrizos de sebo fundido, sin embargo, los romanos fueron los que mejoraron las velas utilizando pabilo, de esa manera  auxiliaban a los viajeros en la oscuridad, y proveían de lus a los hogares y sitios de culto. Al igual que los egipcios, los romanos utilizaban el sebo de las ovejas y vacas como principal ingrediente.
A finales del siglo XVIII, gracias al auge de la casa de ballenas, las velas comenzaron a hacerse con la esperma de las ballenas, el cual lo obtenían de la cabeza del animal. Tuvo gran éxito ya que las velas que se fabricaban con este material. No tenían olor desagradable, al prenderse, además de que no se reblandecían o deformaban con el calor del verano.
Las primeras velas y cirios se elaboraron con sebo, grasa animal que desprendía un humo negro poco atractivo; luego este ingrediente fue remplazado por la cera de abeja, un elemento de costo elevado que podría ser adquirido por los clérigos u las ricas minorías. A mediados del Siglo XIX, el desarrollo de la estearina como compuesto químico, originalmente producido a partir de la grasa (mineral) refinada que produjo grandes cambios en la técnica de hacer velas; se extendieron los tiempos de mayor duración, dureza y los colores se tornaron más opacos y de buen olor.
Hacia 1850 durante el proceso de refinación del petróleo, se descubrió una cera de color blanco azuloso que ardía limpiamente y no emitía olor desagradable, se le llamó cera parafina, que pronto sustituyó a los materiales que en ese entonces se utilizaban en la fabricación de las velas.
En la época colonial, se utilizó la cera que se obtenía hirviendo las bayas de árbol de la cera, si bien ardía limpiamente, el proceso de obtención era demasiado tedioso, , por lo que su popularidad disminuyó. Fue en el Siglo XIX, cuando se comienzan a fabricar las velas en maquinas de producción continua.
En la actualidad, las velas se encienden para crear un clima especial que según la ocasión, puede ser confortable, cálido, íntimo o romántico. Además constituyen un importante recurso decorativo muy usado durante las fiestas Navideñas y otras celebraciones especiales, en la que comenzamos a impregnarnos de esa energía de esa energía que transmiten, porque sin duda, un ambiente iluminado por velas está rodeado de un halo mágico que misteriosamente consiguen hechizarnos.
El origen de las velas es tan antiguo como la civilización humana, su utilización milenaria siempre ha sido asociada a fines místicos. En las diferentes culturas han sido usadas como medio de comunicación con los dioses, teniendo el cuerpo de la vela como cuerpo físico del ser humano, el pabilo se refiere a la mente  y la llama al espíritu.
No importa que tendencia religiosa se practique, las velas siempre han estado presentes en templos, altares, palacios, hogares, etc.
Las velas también han sido usadas para efectuar rituales tales como protección del hogar, atracción del ser amado, prosperidad, abundancia, salud entre otros.
Se ha dicho con frecuencia que cuando la llama de una vela es azul o sombría, hay un fantasma o espíritu en la casa  en las cercanías. En Alemania, una vela cuya llama se divida y parta, predice la muerte en la casa; una vela que suelte una chispa al aire, significa que pronto llegará una carta para aquél que esté sentado enfrente o más cerca de ella, había tres ocasiones principales en las que se encendían velas: En el nacimiento, para asegurar que los malos espíritus se mantuviesen alejados del recién nacido y en Roma esto ponía al niño bajo la protección personal de la diosa Vesta.
En el matrimonio, para impedir que “El mal de ojo” arruinará el futuro de la pareja, mientras que las velas encendidas en la muerte, eran una salvaguardia, pues ningún demonio se atrevería entonces a robar el alma del fallecido.
Las subastas de velas eran muy comunes en los siglos XVII y XVIII y se cree que aún existen algunas hoy en día. Se clavaba una aguja en una vela, a una pulgada bajo la mecha y la subasta continuaba hasta que caía la aguja, siendo la última oferta hecha antes de la caída de la aguja la que se aceptaba.
Contrariamente a lo que se diga, los ritos que se efectúan con velas son altamente efectivos. Ya que al prender una vela se está abriendo una puerta a otra dimensión, a otro plano astral superior, es muy importante que cuando prendamos una vela sea con un cerillo de madera para que la magia sea completa y cuando la apaguemos sea con la punta de los dedos mojados o con una campanita para sofocar la flama. Nunca debe soplarse ya que de lo contrario la magia será nula.