miércoles, 29 de junio de 2011

EL SECUESTRO DE JACOB

El 27 de septiembre del año 2002, Jacob von Metzler, un niño de once años de edad, vástago de una familia de banqueros de Francfort, fue secuestrado camino de la escuela a casa, por un tipo llamado Magnues Gäfgen, estudiante de derecho de 27 años de edad.

Posteriormente Gäfen exige, a través de una carta, un rescate de un millón de euros, asegurando que el niño está vivo y que será devuelto a la familia si ésta paga la suma. La familia del niño notifica de inmediato a la policía.

El 29 de septiembre, Gäfen acude a recoger el dinero en su automóvil a un lugar acordado con la familia. La policía lo observa y lo siguen, esperando dar con el paradero del niño, más su estrategia fue infructuosa.

Al día siguiente, Gäfen y su novia son detenidos en el aeropuerto de Francfort, y se le acusa formalmente de haber cometido el secuestro. Más en los interrogatorios Gäfen declara diferentes sitios donde sería posible encontrar al niño, y la policía pronto constata de que ha recibido mentira tras mentira.

El 1 de octubre, harto de la situación, el vicepresidente de la policía de Francfort, Wolfgan Daschner, gira una orden para que se amenace con tortura física al acusado si no confiesa la verdad. Los encargados de cumplir la encomienda no se anduvieron por las ramas, y utilizaron métodos contundentes para hacerlo confesar. Al final Gäfgen admitió que el niño está muerto y que echó el cadáver a un lago cercano, donde la policía efectivamente lo encuentra poco después.

El motivo del secuestro fue el “hacerse de dinero fácil” y confiesa detalle por detalle como planeó todo y ejecutó los hechos. En el departamento de Gäfgen la policía encontró el millón de euros casi completo.

Más la historia no terminó ahí. El abogado de Gäfgen halló una nota en las actas policiales, con la cual Deschner había solicitado las amenazas de tortura para el delincuente. Esto desencadenó una demanda en su contra y el 17 de febrero se iniciaron las investigaciones del caso en su contra por sospecha de coacción.

Esta situación puso a los jueces ante la disyuntiva de decidir entre dos bienes jurídicos: por un lado, Daschner ignoraba que el niño estaba muerto e intentaba de esa manera salvarle la vida y por otro, están los famosos derechos humanos del acusado, a quien se le debe respetar su integridad física y psíquica, aún cuando sea el sospechoso de un crimen.

El caso fue ampliamente difundido y la sociedad alemana se dividió. ¿Daschner era un héroe o un villano? Hubo apasionadas opiniones al respecto. La revista Stern publicó una encuesta que mostraba que el 60% de la población germana estaba a favor de lo que hizo el policía, de 61 años. Más en el momento del juicio abierto contra Daschner por “grave coacción”, varios manifestantes se acercaron a las puertas del Tribunal Regional de Francfort para protestar por el abuso de autoridad.

Finalmente el tribunal decidió, como era de esperar, por dar mayor valor al bien de integridad del acusado, es decir, fallaron en contra de la tortura por parte de un representante de la autoridad estatal.

No obstante, teniendo en cuenta que los móviles de los acusados habían sido altruistas y de ninguna manera en provecho personal o por patologías psíquicas, los jueces determinaron sancionarlos económicamente, aunque con una condena condicional, lo cual significa que ambos castigados cubrirán el importe de la sanción únicamente en el caso de que vuelvan a incurrir en actos de la misma índole. Por supuesto que esto levantó una serie de protestas de parte del abogado defensor del criminal y de todos aquellos que están en contra de la tortura, más la sentencia fue inapelable..

¿Qué habría hecho usted en este caso?