lunes, 18 de abril de 2011

Arquitectura locuaz


A Leli, en su búsqueda de la ruina urbana



No diré el nombre baudelariano,

en cuya errancia de pupila y verbo,

se levanta la ciudad moderna.

Se trata, apenas,

de un Hermenauta cansado

que surca distancias desiertas,

que remonta las viajas trazas

de un bosque de símbolos tachados:

puertas tapiadas, arcos ciegos,

ventanas que dan a muros de ladrillos,

tan barlebyniamente que invitan a no hacerlo.

Pertinaz persistencia de la columna aislada,

atlante superfluo,

que con los pies en la tierra

aguanta el techo de nubes y cielo.


Paseata que acaba siempre aquí:

el callejón sin salida resuelto

en el cristal de un escaparate velado.


Burrot