sábado, 2 de abril de 2011

A Bordo

Luces embarcadero destellos metàlicos rebotan del cascaròn de cada fàbrica y del cielo mismo sobre ellas. Arañas estibadoras de roca y arena inmòviles a la espera de movimiento. Acecho de tendidos elèctricos arando campos en descanso eterno manchados verdes cubre escorias. La sirga de acero que acciona el tirador de alarma trempada como en secciòn de arteria. Pesados raìles surcando desde el centro de la ciudad hacia el exterior alcanzando un dominò de estaciones y lugares parecidos a minas minerales, minas que nunca existieron pero que aùn asì lo parecen. Lugares. Mientras extenso cielo bìblico extrarradio bajo el cual perfectamente podrìa haberse encontrado mar horizonte situado al norte. Oleaje impuntual. Continùa un relato de transporte y cercanìas de personas que cabecean sobre asientos en marcha, de cabezas que se sujetan entre una mano y una ventana por las que no cesan los estados de vigilia y de sueño, de apegos a los enseres de piel y miradas que establecen ascensores con puntos lejanos.