domingo, 27 de marzo de 2011

Pequeñas historias de un niño llamado Max

El pequeño Max va a una fiesta de cumpleaños. Rompen la piñata, explotan globos y Max espera la traca final. Entonces llega el pallaso. A Max le asusta un poco ese personaje que quiere hacer reír a todos. Le parece un hombre derrotado que busca amigos desesperadamente. Al ver a Max al margen de la algarabía general, con los ojos muy abiertos, expentantes, el pallaso decide ayudarlo y propone un juego. Al pequeño Max no le gusta especialmente ese juego que consiste en dejar a alguien fuera cada vez y no le importa ser él quien quede de pie pero el pallaso se las arregla para poner una silla detrás suyo siempre, bailando y moviéndola con el pie. Cuando el pequeño Max va a sentarse el gran zapato del pallaso queda enganchado a la silla y al apartar el pie se lleva consigo aquello que debía sostener el frágil cuerpo de Max. El pequeño Max yace ahora en el suelo entre serpentinas de colores y gritos de niños junto a un hombre estridente cuya cara se ha tornado un grito de espanto.