viernes, 25 de febrero de 2011

Pequeñas historias de un niño llamado Max

El pequeño Max va a casa de su abuela a pasar el fin de semana. Es una casa grande y sombría habitada por una viejecita pequeña y encantadora. Max adora a esa sorda viejecita que sentada en la mecedora junto a la chimenea le cuenta historias de la guerra y del internado al que fue a parar al quedar huérfana. Antes de acostarse, al pequeño Max le gusta recorrer los altos y lúgubres pasillos llenos de espadas y escopetas de otra época. Cuando ya está en la cama, la abuelita acude a arroparle. A Max le gusta como lo hace porque le arropa tan fuerte como si no hubiera nadie dentro. Esta vez sin embargo hay tan poco espacio que no puede moverse y sólo los ojos sobresalen. La abuelita no ve que Max intenta decirle con la mirada que no puede respirar.