jueves, 24 de febrero de 2011

Pequeñas historias de un niño llamado Max

El pequeño Max quiere ir de excursión con su pequeña vecina pero tiene mucha fiebre y sus padres no le dejan porque temen que su calentura empeore. Max, enfadadísimo e incapaz de asumir la cobarde negativa paterna, mete la cabeza en el horno y lo enciende dispuesto a morir. Sus padres, acostumbrados a sus exageraciones pero conscientes de que no es una rabieta sino una decisión, le prometen hacer esa misma excursión e invitar a Zoe, su vecina, la siguiente semana. Max se tranquiliza un poco y vuelve a la cama, desde donde ve a sus padres arar el huerto. La fiebre empeora y Max no siente el efecto de las frazadas, tiene frío y tiembla así que decide bajar de nuevo y acurrucarse en el horno, donde enseguida empieza a sentir el calor de los 260 grados a los que su madre suele calentar el pastel de carne que esta vez no comerá.