martes, 22 de febrero de 2011

Pequeñas historias de un niño llamado Max

El pequeño Max hace tiempo que desea una mascota, pero intrépido como es, pide siempre que le traigan un león. Un día, después de un peligroso accidente que casi acaba con su vida, sus padres, henchidos de felicidad por la supervivencia del pequeño, le regalan un cachorrillo de abundante pelaje rojizo que llamea al sol cual ascua atizada. Le llaman Nerón. Max piensa que ha valido la pena rozar la muerte. El perrito le lame la herida y juguetea, pero Max, que sigue pensando en el león, no le enseña a dar la pata sino a saltar dentro de un aro y a sujetar su pequeño cuello entre las fauces. Una mañana de domingo, mientras juegan al león y la gallina, el can, muy contento, mueve la cola y accidentalmente la introduce en la chimenea encendida. Lo cierto es que nosotros no adivinaríamos dónde termina el fuego y dónde el perro. Pero al pobre Nerón el contacto con la flamígera lengua le produce una mueca de dolor y rechinar de dientes, y tiñe la alfombra de un magenta oscuro que más tarde diluirá a lametones con lágrimas de incomprensión.