jueves, 6 de enero de 2011

En el Papa & Sons, la bodega puerto-riqueña de al lado del metro y que no cierra de noche, que ni tan siquiera cerró por Navidad (habráse visto, los excesos del capitalismo, que no respeta nada), hoy venden las manzanas a dólar el par. Tomo dos manzanas verdes, que brillan tanto que parecen bolas de navidad para decorar el árbol, y más tarde dos más, acaso deslumbrado por su sugerente refulgir, como si al tomar esa bola esférica reflectante me sucediera como al grabado de Escher, que todo el mundo se comprime, incluyendolo a uno mismo, y lo diposita en la palma de la mano. Sigo por el pasillo (fruta, verdura, leche entera, medio entera, sin ninguna entereza) y cojo un brick grande de zumo de naranja de Tropicana, el de 'Algo de pulpa', porque los hay con poquita pulpa y sin nada de pulpa. Las contradicciones de la comida sana, cómo va a serlo cuando le han metido tanta mano? *. Más contradicciones de la comida, la sana y la no sana, cada vez que cojo una de estos jugos, como con los plátanos Del Monte, me siento pagándole a una gran corporación que explota campesinos en islas del Caribe, que soborna caciques sudorosos y condiciona los acuerdos de la OMC. Pero que bien, tan solo tiene un poco de pulpa (yo también, tan solo tengo un poco de culpa). Sigamos. Capítulo aparte, la carne (girando al final hacia la izquierda, tras evitar los panes, esas baguetes industriales, esos panes portugueses (?), esos moldes rellenos de almidón de maíz). Para mí, español, pobre y compañero de una mujer con cierta aversión a ingerir animales muertos, la visión de la carne supone siempre una tentación: añoro las bacanales gastronómicas de una buena barbacoa (cualquiera que haya estado en casa de mis padres, no hace falta ser Freud, para que entienda mi condicionamiento familiar) o un asado argentino. Pero la carne buena es cara, y comida en solitario no ofrece ni la mitad del placer (bueno, miento: sí que lo ofrece pero es algo melancólico). Con lo cual uno se ve relegado a las carnes baratas, ya lo sean porque el animal es tan común como este pollo mutante que puebla brevemente los criaderos de todo el mundo encerrado en diminutas cajitas, o ya lo sean porque, además de eso, los animales están clambuterolados, infestados de antibióticos o alimentados con harina de pescado. Quedan además los cortes raros, los que se usan para caldos o rellenos: la espalda del pollo, el pecho de cordero, el cuello de cerdo. Si son tan baratos será por algo, pero aún así carne es carne y frita toda grasa es costra. En fin, cerdo que luce tierno (grueso, con mucha grasa, seguramente poco sutil, pero luce tierno). Girando a la izquierda aparece el pasillo de las mañanas, digamos: cafés, tes, cereales y mermeladas, mayormente. Me medio obligo a coger unos cereales para intentar seguir con un régimen alternativo a mis desayunos más mediterráneos (con pan, con fiambre o queso) que percuten mis triglicéridos arriba, hacia afuera de los parámetros recomendados. Dónde quedan esos cereales guarros, tipo Cornflakes, que de pequeño, en España, le sonaban a uno a película de adolescentes americanos, a gente atlética despertándo con energía mientras uno se amorraba, somnoliento, a la caja para leer algo, esa lacónica lista de ingredientes, esa promesa incumplida de premios? Ya no hay nada de eso. La frescura risueña de los ochenta ha dejado paso a la ansiedad aséptica del siglo XX, y todos los cereales, aparentemente, son organícisimos, sanísimos. Por cinco dólares no solo compras tu ración de grano diario, esa fibra que limpia tus cañerías intestinales y ofrece un asiento para tu flora intestinal, si no que además compras limpieza, piel tersa, pureza moral y tranquilidad espiritual. Por cinco dólares, está tirao'! Así que, antes de irme me doy un premio por ser tan sano y añado al cesto dos cervezas, dos Negra Modelo Especial, oro líquido mexicano. Y ya para la caja, donde la chica que suele trabajar las noches está extrañamente locuaz y simpática: le está haciendo broma a una mujer negra de mediana edad, o eso me parece, porque por estos barrios míos de boricuas y caribeños, de trinidanios y tobaguenses, de poblanos y jamaicanos, no siempre me queda claro cuando la gente se toma el pelo, se hace una broma o se menta a la madre. La verbalidad es fluída y ruidosa, tanto en la broma como en el enfado. Por otro lado, la agresividad verbal es frecuente pero rarísimamente va acompañada de las manos. (Inciso: la noche que Pere Rovira me invitó a cenar en su casa temporal de Harlem, encontré al salir del metro una de estas peleas-creo que era una pelea. O sea, un grupo de chicos y chicas de no más de 16 años vociferaban, se desgallitaban a unos gritos que parecían salir del mismo origen del dolor y el odio. Pero las bocas, los dientes y las manos, como si hubiera una extraña pared invisible, como un perro luchando contra si mismo en un espejo, nunca llegaban a cruzar hacia el otro, los otros, los odiados. Sónicamente: la guerra, la muerte, la destrucción. Corporalmente: una charla entre chavales en medio de la calle al salir de clase. Acaso por eso llegué medio atolondrado y me acabé todo el vino, me llevé el queso y le robé una foto a su casero). Pero parece que la señora no se indigna, aunque la otra le diga que no da golpe, no como ella que empezó a trabajar a los siete (?) años, y ésta tampoco se ofende cuando la señora le dice que con ella sus papás la explotaron para ahorrarse un trabajador. En fin, lo que cuenta es que la cajera está simpática y ella, como el tipo que vende el fiambre y hace bagles con queso, bacon y mermelada por las mañanas, bailan tras sus respectivos mostradores al ritmo del Black or White de Michael Jackson. Hay días que salir de casa es una aventura.

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* O como dice Zizek (y yo traduje, ADVISORY AUTOBOMBO, pulse aquí):
"En el mercado de hoy en día, encontramos toda una serie de productos a los que se les han quitado sus propiedades malignas: café sin cafeína, crema sin grasas, cerveza sin alcohol. Y la liste sigue: que me dicen del sexo virtual, ¿acaso no es sexo sin sexo? La doctrina de Colin Powell sobre la guerra sin víctimas (de nuestro lado, claro), ¿no es una guerra sin guerra? La definición contemporánea de la política como el arte de una administración experta, ¿no es política sin política? Lo que nos lleva al multiculturalismo tolerante y liberal de hoy, como una experiencia del Otro a la que se le ha restado su Otredad—el Otro descafeinado."