viernes, 14 de enero de 2011

CADA VEZ QUE VOY A VEROS


Al final del corredor enmoquetado, un gris difìcil de mostrarse sucio, oigo la voz de una niña parloteando en inglès. Las voces de sus padres se suspenden tras su discursito infantil apenas entendible. Nos acercamos a la ciudad, cinco grados de temperatura en el exterior del coche seis, doscientos sesenta y nueve kilòmetros por hora cada vez que voy a veros. Miro a travès del espejo que se forma en la ventana y sòlo me veo a mì y luces veloces pasando como si no pertenecieran a nada en absoluto, sòlo luces