jueves, 16 de diciembre de 2010

Pequeñas historias de un niño llamado Max

El pequeño Max sale muy contento de casa, brilla el sol después de muchos días lluviosos y poco a poco se aleja del hogar persiguiendo unos pequeños camachuelos. El pequeño Max no se ha percatado de cuán lejos ha ido y ahora que mira alrededor ve que lo que suele ser un pacífico trigal es hoy una inquietante ciénaga. De pronto Max se echa a llorar inconsolable y esa música celestial despierta al Ogro que acaba de instalarse en tan parnásico lugar. Nada le gusta más a nuestro querido Ogro que beber lágrimas de niño para calmar la sed, y mientras lame la cara de nuestro pequeño Max, saliva ante la tierna carne que está a punto de engullir.