lunes, 13 de diciembre de 2010

Pequeñas historias de un niño llamado Max

El pequeño Max llevaba los deberes en la mano. Era reconfortante saber que había cumplido con todo lo que tenía que hacer y que el resto del día podría dedicarlo a sus juegos. Esta vez los deberes estaban listos y su profesora podría felicitarle.
El pit bull del vecino no llegó a destrozar los deberes pero quedaron ilegibles, emborronados por la sangre del pequeño Max.