miércoles, 3 de noviembre de 2010

GANDHI, DOS PEQUEÑAS GRANDES HISTORIAS

1. Cuentan que en cierta ocasión, cuando Mahatma Gandhi estaba subiendo a un tren, una de sus sandalias cayó a la vía, y aunque no faltó quien hiciera el intento por recuperarla, la labor fue inútil, ya que el tren se había puesto en marcha. En ese momento Gandhi se apresuró a quitarse la otra sandalía y la arrojó con fuerza igualmente a la vía. Quienes le acompañaban le miraron con gran extrañeza, y una vez pasada la sopresa, alguien de los presentes se atrevió a preguntarle: ¿Porqué has hecho esto?, a lo cual el contestó con la mas grande naturalidad: Seguramente algun pobre hombre encontrará la primera sandalia, así que arrojé la otra para que las pueda usar.

La grandeza de los hombres se presenta hasta en los más mínimos detalles.

2. En otra ocasion una madre llevó a su hijo ante Mahatma Gandhi solicitándole que lo reprendiera por comer azúcar. Gandhi cayó unos momentos. Después, moviendo asintiendo con suavidad con un movimiento de cabeza, le dijo a la madre: Tráigame a su hijo dentro de dos semanas.

Aquella mujer no entendió el porqué de la petición, más sabiendo que venía de un hombre sabio, acató la dispposición y se marcho a casa. Dos semanas después volvió ante Ghandi llevando a su hijo. el gran Mahatma miro con benevolencia, pero con la autoridad que le confería su edad, y le dijo: "Hijo, ya no comas tanta azúcar". El muchacho aceptó la indicación y su madre, perpleja, pero agradecida le pregunto a Ghandi: ¿Porqué debió de haber esperado dos semanas, si eso pudo habérselo dicho desde el momento en que lo traje por vez primera?. A lo cual Gandhi respondió: Es que dos semanas atrás, yo estaba comiendo azúcar.
El buen juez, por su casa empieza!