jueves, 12 de agosto de 2010

EL PROCESO DE LA EXCLUSIÓN SOCIAL Y EL MODELO NEOLIBERAL

La realidad fundamental que hay que considerar en este tema es que, lo que suele llamarse el "modelo" económico imperante (que suele identificarse como neo-liberal aunque no excluye una importante función económica, reguladora y social del Estado), tiende a funcionar con gran dinamismo, generando en muchos casos efectivo crecimiento de la producción y de la productividad, impulsando la economía hacia adelante con alta velocidad, integrando tecnologías modernas y avanzadas; pero en dicho crecimiento y dinamismo, va también concentrando la riqueza en cada vez un menor número de grandes o pequeñas empresas altamente eficientes, y excluyendo progresivamente a cada vez más amplios sectores de la sociedad. Podemos imaginar esta dinámica de la economía imperante como un tren muy moderno que avanza a gran velocidad, y que va acelerando su marcha, pero que en cada estación y a medida que avanza va dejando pasajeros en el camino, que son más que aquellos otros que el mercado permite que se suban a los carros.Así, vemos que las empresas más eficientes (que a menudo son las más grandes, pero no siempre es así) van absorbiendo a las de menor dinamismo; los supermercados van desplazando a los almacenes y tiendas, las cadenas de supermercados más eficientes van absorbiendo a los supermercados menos eficientes; las líneas aéreas más dinámicas eliminan del mercado a las que lo son menos; los bancos más competitivos absorben a los menos. EctEn la campana o curva de distribución normal, están los que se desplazan hacia el primer segmento, el de los mejores y más capaces, y el de los que perdiendo posiciones son desplazados hacia el otro lado de la curva, donde están los perdedores. Tendencialmente, todos los que no son los "mejores" en la competencia, van siendo desplazados, excluidos, y ello parece inevitable. Así en la economía, cada vez van quedando menos, ciertamente los más eficientes y dinámicos, pero menos. El resultado de esto es que mientras las empresas grandes y competitivas van absorbiendo a las menos eficientes, y los profesionales más eficientes van desplazando a los menos eficientes, y los trabajadores más productivos logran conservar sus puestos de trabajo, se va creando una gran desocupación de recursos y de fuerzas productivas en la sociedad. Así se genera, reproduce y amplía la exclusión social. Cuando los mercados se internacionalizan y "globalizan", también los países y las economías nacionales entran en competencia, por lo que deben desmontar protecciones arancelarias y cambiarias, bajar los impuestos al capital y la inversión, etc. Obviamente, las empresas de todo el mundo pasan a ser competidores dentro de cada país; tanto las empresas de los países desarrollados que compiten en base al gran tamaño de sus operaciones y a las avanzadísimas tecnologías que emplean, como las de los países llamados "emergentes" como China y otros que se hacen competitivos en base al sacrificio extremo de sus inmensas poblaciones, a quienes se les pagan salarios viles y se les mantiene en bajísimos niveles de consumo.Para los que van siendo marginados de esta extrema y global competencia, el "modelo" predispone solamente dos recetas: para los definitivamente "inviables" y en consecuencia destinados a la extrema pobreza, focalizar el gasto social a fin que puedan sobrevivir, aunque sea en condiciones de completa dependencia. Y para los que tienen alguna capacidad e iniciativa, provisionarles acceso a algún microcrédito de modo que puedan crear una microempresa, la que debe buscar su propio "nicho" de mercado. El problema es que los "nichos" de mercado que dejan las grandes empresas son escasos, muy pequeños, e insuficientes para dar oportunidad a la enorme cantidad de microempresas y trabajadores independientes. El hecho es que se espera que esas microempresas sean también ellas competitivas, esto es, que compitan también duramente entre ellas, de modo que puedan sobrevivir las más aptas. Es la misma lógica de la concentración y la exclusión. Podemos extraer una primera conclusión de lo expuesto: pretender la inclusión social de los excluidos, buscando su inserción en el mismo sistema económico-social que los ha excluido en razón de sus limitaciones competitivas, podría ser posible para unos pocos que superen esas limitaciones, pero en ningún caso puede pensarse como camino eficaz para alguna proporción significativa de la población excluida. Y si ello fuera posible de algún modo, habría que asumir que otros tantos resultarían desplazados al perder la competición frente a los nuevos incluidos.