sábado, 27 de marzo de 2010

LAS PALETAS DE TOCUMBO

Tocumbo, es un pueblo michoacano que no se parece a ningún otro pueblo mexicano. Es, en primer lugar, el pueblo más rico de México. Es increíble la cantidad de casas ostentosas y extravagantes que encuentran por cualquier colonia. Todo mundo tiene televisión por cable, antenas parabólicas, automóviles, casas con pisos de mármol y todos los lujos de la gente bien acomodada.
Este pueblo es el único en todo México que tiene todas las calles pavimentadas y cuenta con todo tipo de servicios. Aquí nadie puede quejarse de falta de agua, electricidad, drenaje y cosas por el estilo.
Además de todo lo anterior tienen una auténtica joya arquitectónica: la iglesia del Sagrado Corazón. Una obra moderna creada por el arquitecto Pedro Ramírez Vásquez, el mismo que construyó la nueva basílica de Guadalupe en la ciudad de México, el estadio Azteca y el templo de la hermosa Provincia en Guadalajara.
Aquí es totalmente obvio que la gente tiene dinero. ¿Cómo lo hicieron?.
Claro que tienen su secretito, y es de lo más simple que se pueda imaginar. Le voy a contar esta sorprendente historia de como a veces basta una idea muy sencilla y unas ganas enormes de trabajar para triunfar en este mundo. Porque también en México de que se puede, se puede.
Allá por los años cuarenta Agustín Andrade, quien había quedado huérfano cuando tenía seis años de edad, se fue de Tocumbo buscando nuevos horizontes. Tenía trece años de edad cuando llegó a León, Guanajuato, y encontró empleo en una paletería de la ciudad. Ahí aprendió el oficio. Seis años más tarde se fue a la ciudad de México, donde con $ 600.00 ahorrados abrió su primera paletería, a la cual le puso por nombre “La Michoacana”.
Casi al mismo tiempo, también salió de Tocumbo un primo de Agustín, llamado Ignacio Alcázar. Lo habían expulsado de la escuela por sus vagancias y esto le ocasionó demasiados problemas con su padre, así que decidió venirse a Guadalajara, aunque no traía un solo centavo en el bolsillo.En nuestra ciudad trabajó vendiendo periódicos, después en una paletería, - aunque él ya conocía el oficio porque había trabajado un poco con el único paletero de su pueblo -. Y como no logró gran cosa en Guadalajara decidió irse a la ciudad de México, donde vendió rebanadas de fruta, revistas viejas y cosas por el estilo. Cansado de tanto esforzarse sin conseguir nada, se marchó rumbo a los Estados Unidos. Juntó unos pocos centavos y se regresó a la capital, porque no le agradó vivir en el vecino país. ¿Y qué cree que hizo con los pocos centavos ahorrados?. Puso una paletería y le llamó… “La Michoacana”.
Ignacio no sabía lo que había hecho su primo Agustín. Habían caído en el mismo negocio; casi al mismo tiempo: los dos en la capital del país y habían curiosamente utilizado el mismo nombre “La Michoacana”.
Pero lo más grande de todo fue lo que sucedió después.Los negocios de Agustin e Ignacio pronto dieron lo suficiente para comenzar a abrir muchas otras paleterías por toda la ciudad de México. Agustín abrió ciento setenta y siete paleterías. Era un hombre mujeriego, con varias esposas y amantes. Tuvo 18 hijos y pronto sus hijos, esposas, amantes y empleados fieles pasaron a ser los dueños de aquél naciente imperio. Agustín había encontrado la fórmula para hacer dinero, y compartía su buena suerte con sus empleados fieles vendiéndoles las paleterías con facilidades de pago, mientras que él abría y abría nuevos negocios.
Ignacio primero invitó a sus hermanos y al comenzar a crecer a lo grande su cadena de paleterías, fue a su pueblo e invitó a sus amigos, primos, parientes y todo aquél que quisiera iniciarse en el negocio, a sumarse a su esfuerzo. A todo mundo lo apoyaban con un préstamo para que abriera una paletería, cobrando únicamente el 2 por ciento de interés. Esto les permitía pagar su deuda en un par de años y salir exitosos de la aventura.
¿Cuántos participaron en el negocio de “La Michoacana”. Prácticamente todos los del pueblo. En la actualidad hay un aproximado de 20 mil paleterías de “La Michoacana” en todo el país. Habiendo logrado colocar al menos una paletería en cada pueblo de México mayor a los mil habitantes. Y ha sido tan fuerte su crecimiento que han comenzado a invadir el mercado americano.
A veces una sencilla idea puede rendir grandes frutos, sobre todo cuando se pone calidad, buena atención y mucho trabajo.