viernes, 13 de noviembre de 2009

EL HORNO DE MICROONDAS

El año de 1947, el ingeniero Percy Spencer realizaba investigaciones con un generador de altas frecuencias, en la empresa Rayhteon Corporation, para usarlo como radar, cuando después de un rato de estar probando un nuevo tubo al vacío llamado magnetrón, se llevó una mano al bolsillo de su bata para darle un mordisco al chocolate que traía guardado, más para su sorpresa se dio cuenta que este se encontraba totalmente derretido. Aquello le provocó una gran sorpresa. A Spencer le gustaba mucho el chocolate y con frecuencia traía una barra consigo, más era la primera vez que esta se le derretía de esa manera en el taller. No estaba haciendo calor, el clima era bastante fresco. Entonces ¿Que había pasado?.
Pensando, pensando llegó a la conclusión que aquél efecto lo había provocado el generador de frecuencias. Y para comprobar su teoría, fue y consiguió un puñado de maíz, mismo que colocó cerca del generador. Al poco rato empezaron a explotar como cuando se hacen palomitas.

A la mañana siguiente, el científico decidió colocar el magnetrón cerca de un huevo de gallina. Le acompañaba un colega curioso, que atestiguó cómo el huevo comenzó a vibrar debido al aumento de presión interna originada por el rápido incremento de la temperatura de su contenido. El curioso colega se acercó justamente cuando el huevo explotaba, salpicándole la cara con yema caliente. Mientras que el afectado se quitaba molesto los residuos del huevo de la cara, el científico brincaba de gusto, pensando que si aquello sucedía con la barra de chocolate, el maíz y el huevo, esto se debía a la exposición de energía de baja densidad de las microondas. Y si se podía cocinar tan rápidamente un huevo, ¿porqué no probar con otros alimentos?.

Días después el ingeniero Spencer diseñó una caja metálica con una abertura en la que introdujo energía de microondas. Esta energía, dentro de la caja, no podía escapar y por lo tanto creaba un campo electromagnético de mayor densidad. Cuando se le colocaba alimento se producía energía de microondas y la temperatura del alimento aumentaba rápidamente. El ingeniero Spencer había inventado un artefacto que revolucionaría la forma de cocinar y sentaba las bases de una industria multimillonaria. A finales de 1946, la Raytheon Company solicitó la patente e inició el proceso de su comercialización.

Más no se imagine que su primer artefacto fue del tipo de honro que usted tiene en casa: cuadradito y portátil. No, la creación del ingeniero Spencer fue un tiliche que medía dos metros de alto y pesaba 80 kg. Y si costaba trabajo cargarlo, mucho más le costó trabajo le costó venderlo. Además el precio era demasiado elevado: 5,000 dólares. Y se enfriaba el magnetón con agua, de modo que era necesario instalar una tubería especial.

Las ventas iniciales fueron desalentadoras, sin embargo, las mejoras y refinamientos ulteriores produjeron un horno más confiable y liviano, menos caro y con un nuevo magnetón enfriado por aire, eliminando la necesidad de las engorrosas tuberías.

Para 1975 las ventas de hornos de microondas rebasaron el número de estufas de gas vendidas, y hoy en día es tomado como uno de los instrumentos esenciales en cualquier cocina del mundo.

El doctor Percy Spencer, el inventor, continuó en Raytheon como consultor jefe hasta su muerte a la edad de 76 años. Fue autor de más de 100 patentes y se le consideraba uno de los principales expertos en el campo de las microondas, no obstante que carecía de instrucción secundaria.