viernes, 18 de septiembre de 2009

EL REY LUIS II Y SU HERMANO OTTO

Luís tenía 18 años cuando fue coronado rey de Baviera. Fue conocido como Luís II, pero a él poco o nada le importaba gobernar, prefería dedicar su tiempo a escuchar la música de Wagner, quien era su ídolo, y a quien patrocinó y protegió durante mucho tiempo. Además le gustaba mucho leer libros sobre mitología, mismos que luego turnaba a Wagner para que realizara obras musicales con ellos.
Con semejante apoyo, Wagner tuvo la posibilidad de escribir obras inolvidables y maravillosas. Pero esto ocasionó grandes problemas, ya que los ministros del rey comenzaron a reclamar que el rey se gastaba mucho dinero en el músico, y eso obligó a Luís II a desterrar a Wagner, quien se fue a Suiza, aunque el rey nunca dejó de estimarlo.
Ya sin Wagner, el rey Luís se dedicó a construir castillos en Baviera, entre los que se encuentra el maravilloso castillo Neuschwanstein, que luego sería burdamente copiado para hacer el castillo de Disneylandia. En los castillos el rey mandaba pintar escenas mitológicas de las obras de Wagner como los nibelungos, Lohengrin y Tristan e Isolda entre otros.
Todo mundo se daba cuenta que al rey no le interesaba en lo absoluto gobernar, lo único que le atraía era el arte; por lo cual se hizo una conspiración en su contra y declarándolo loco, le mantuvieron prisionero en el castillo de Berg, para poner en su lugar a Otto, su hermano menor, quien sí era realmente un enfermo mental. Su familia lo había mantenido recluido durante los catorce años anteriores en un cuarto. Pero esto no les importó, al contrario, de esta forma eran otros los que gobernarían por él.
Luís y su doctor fueron encontrados un día muertos flotando en el lago, y nadie logró dar una explicación a semejantes hechos. Mientras que Otto, el nuevo rey se mantuvo recluido custodiado por dos guardias, quienes se encargaban de mantenerlo bajo control y seguirle la corriente en todas sus locuras. Una de sus creencias más peculiares era la de que, si mataba a un campesino diariamente, nunca se enfermaría. Y para satisfacer tan extravagante capricho, uno de los guardias cargaba diariamente la pistola de Otto con cartuchos de salva, mientras que el otro se vestía de campesino y se escondía entre los arbustos frente a la ventana de la habitación del rey. Cuando Otto aparecía en la ventana con la pistola lista, el supuesto campesino salía de su escondite y fingía caer muerto ante el disparo de su majestad.