viernes, 14 de agosto de 2009

¡Qué pena con Carla Bruni!


Francisco Rodríguez

Indice Político

¡Ah, si nos fuera dado el poder de vernos como nos ven los demás!, de cuántos disparates y necedades nos veríamos libres. Robert Burns

Voy a sincerarme. Confieso que me gusta el fútbol cual práctica deportiva. También que abomino el que, como espectáculo, se practica para la televisión y sus anunciantes. Este último no es deporte. Es tan sólo un show, regularmente malísimo y frustrante, repetitivo y manipulador.

Además, por supuesto, es un negocio que reditúa enormes cantidades de numerario. Y aún así, evade y elude impuestos. Y hasta se presta al “lavado” de dinero, cual recién se ha ejemplificado por ahí.
Su característica más deleznable, empero, es la manipulación.
Propietaria de tres o cuatro equipos, la televisora de la avenida Chapultepec, por ejemplo, invariablemente convoca a la fanaticada futbolera a reunirse en el capitalino Ángel de la Independencia o en la tapatía Plaza de la Minerva, mostrando imágenes de ambas locaciones “donde ya comienzan a reunirse” “aquellos que aman y viven el fútbol”, dicen en sus transmisiones de encuentros en los que participa el seleccionado nacional de ese espectáculo.
Y ahí va la afición. Obediente de la orden subliminal que brota de los monitores.
Convocatorias de este tipo generalmente son alimentadas previamente, colocando valores cual orgullo nacional, la soberanía y la independencia en los gajos de un balón muy pateado.
Ya por ahí hace un par de días, el encabezado de un diario calificaba cual “odiados” a quienes este miércoles se enfrentaron al equipo que dirige Javier Aguirre, a quien motejan “El Vasco”. ¿Odio? Puede haber rivalidad, pundonores largamente heridos, pero ¿odio?
Sólo por esa convocatoria es que entiendo cómo pueden ser tomadas las calles por decenas o centenas de miles de personas, por la simple causa de que un equipo de fútbol, cosa importante como pocas y de trascendencia sin límites, gane un encuentro a un rival.
También, así entiendo que la misma empresa de TV tenga la coartada para justificar, restando importancia por omisión, los desmanes que haya lugar contra el mobiliario urbano o lo que sea que se cruce por su camino y, por supuesto, todo aquel que, a juicio (sic) de la turba, se asemeje a lo extranjero, desatando así una xenofobia sin par.
Todo parece estar justificado y escondido bajo la frase típica, de achacarlo sólo a un grupo minoritario de personas radicales. Sólo aparece en las mismas pantallas de forma residual, como información colateral y ahí como de pasadita.
A mí por la actitud, ruido de los individuos, grado de alcoholemia y los embotellamientos de los autos impedidos de circular por las calles de las ciudades, no me parece que sea tan minoritaria esta actitud temeraria, que degenera en vandalismo.
Una cosa es alegrarse de que gane tu equipo y otra es convertirlo en una orgía de bandidaje que todo lo justifica. No me parece que tengamos que tolerar la actitud de estas pandillas demenciales, aunque sólo sea de forma temporal.
Contrasta, eso sí, como estos mismo medios de manipulación tienden a generalizar, considerando con una facilidad pasmosa a los que luchan por mejorar esta sociedad, como radicales antisistema, aunque las actitudes violentas sean minoritarias. En este caso, se refuerzan las imágenes violentas y ocupan más tiempo de prensa y televisión de manera sistemática.
Vivimos en una sociedad profundamente enferma, de otra forma no entiendo esta incongruencia.
Tampoco entiendo que haya actores políticos que se monten en este devastador tsunami que tiene sus orígenes en esa televisora, cual acaparadora de la Selección Mexicana de fútbol.
No entiendo, en efecto, que los hijos del señor Felipe Calderón hayan llevado como regalo al sucesor de San Pedro ¡una playera del Tri!, quizá con la ilusión de que se despojara de la sotana blanca para ponerse la ¡verde!
Y menos aún que la señora Margarita Zavala se vista con un atuendo así para iniciar un viaje de Estado. ¿Se imagina?
Cualquier otro mexicano hubiera pedido a la esposa que no saliera en esas fachas, pero…
¡Qué pena con Carla Bruni!, ¿no cree usted?

Índice Flamígero: En el “festejo” del Paseo de la Reforma, sólo faltó el gobernador hidalguense Miguel Ángel Osorio Chong. Esa misma tarde, la paraestatal Petróleos Mexicanos abrió el sobre –sonido de tambores— y, solemne, el maestro de este otro espectáculo, Jesús Reyes Heroles GGG, pronunció: “and the winner is… Tula!”. ¿Ganadores los hidalguenses? ¿De veras? ¿De veritas?

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