lunes, 17 de agosto de 2009

LAS CALACAS DE JOSE GUADALUPE POSADA

Sus amigos lo llamaban Don Lupe, era de Aguascalientes y desde muy temprana edad le dio por hacer dibujos. Nadie sabe de donde le nació la inspiración, pero lo cierto es que un buen día comenzó a dibujar calacas (calaveras), y con diferentes poses y vestimentas de la huesuda hizo señalamientos, críticas y acusaciones que al publicarse en un periódico llamado El Jicote, le acarrearon infinidad de problemas. Así que tuvo que salir huyendo rumbo a León, donde logró poner su propia imprenta, con tan mala suerte que una inundación, allá por el año de 1888, le destruyó su taller, obligándole a buscar mejores horizontes en la Ciudad de México.

Pronto encontró un localito en una calle llamada Santa Inés y ahí prosiguió con su habitual práctica de realizar grabados con osamentas, para ilustrar sus pensamientos políticos, que por supuesto, por ir contra la corriente, volvieron a meterlo en problemas.

José Guadalupe Posada, fue el clásico mexicano que tomó a la muerte en broma. Le perdió totalmente el respeto haciéndola su compañera y cómplice, la vistió de elegante caballero, de catrina con sombrero de pluma, de borracho, político y todo lo que le vino en gana. Dibujaba calaveras montadas en caballos, en bicicletas, recreadas en humorístico festín macabro -histriónico y satírico-.Y con ello la convirtió en un instrumento más que eficaz para levantar sus denuncias, lo cual le llevó en varias ocasiones a la cárcel. Un poco después dio inicio a una arraigada tradición de componer versos relacionados con el tema, mismos que hoy en día llaman calaveras. Impulsando fuertemente el también tradicional día de muertos con todo y sus ofrendas.

No hubo un solo personaje de su tiempo a quien no le hiciera uno de sus famosos grabados. Hizo calavera a Don Porfirio y a Zapata, a los rancheros, artesanos y catrines. A los obreros, a los campesinos y por supuesto a los burgueses, sin olvidarse de gachupines. A todos les señaló sus debilidades, sus malos modos y manejos, sus vicios y desvergüenzas.

Colaboró en diversas publicaciones, siempre perseguido y amenazado, más nunca bajó su denuncia. En vida realizó cerca de 20,000 grabados y el tiraje de sus periódicos fue aproximadamente de 5 millones de ejemplares, mismos que llegaron a todos los rincones de la Patria.

Cuando su amada flaca vino por él, lo encontró pobre, tal y como debía, ya que para semejante viaje estorban todo tipo de riquezas. Fue sepultado en una fosa de sexta clase en el Panteón de Dolores, en la Ciudad de México. Y como nadie reclamó sus restos, luego fueron exhumados y arrojados a una fosa común. Así que al final no quedó solo, fue una calaca más entre tantas amontonadas en el panteón.