lunes, 17 de agosto de 2009

HABLAR CON LAS PLANTAS

El profesor de botánica Richard Hamilton, de una respetable universidad norteamericana fue cuestionado en clase por un alumno sobre la supuesta veracidad de que hablándole a las plantas, estas crecen más bellas y lozanas.

Pues bien, el profesor Hamilton afirmó que eso hablar con las plantas no servía absolutamente para nada, porque no provocaba en ellas ningún efecto. Y para acabar de una vez con esta falsa creencia propuso realizar el siguiente experimento. En el pasillo de entrada de la universidad, bajo idénticas condiciones de luz, humedad y temperatura, hizo poner unas macetas de begonias, con un cartel en cada una de ellas. Los letreros decían, “Soy linda” en algunos casos y en otros “Soy fea”. Hamilton pidió a sus alumnos que cada vez que pasaran delante de ellas se detuvieran un instante y les dirigieran frases a cada planta de acuerdo con lo que indicaba el cartel. Así que los alumnos al pasar le decían a la planta con cartel de “Soy fea”: “eres horrible”, “estas espantosa”, “eres la peor begonia del mundo” y frases similares, mientras que a las que tenían el letrero de “Soy linda”, le otorgaban muchos piropos y frases hermosas: “eres bellísima”, “que hermosa estás”, “tu fragancia y colorido son exquisitos” y todo lo que se les pudo ocurrir.

Y ¿Qué pasó?. Al cabo de un mes, todas las feas se habían secado, mientras que las lindas lucían extraordinariamente saludables. Si esto sucede con las plantas, se imagina lo que pasa con los niños si todos los días les dice frases agradables.