jueves, 25 de junio de 2009

A mí no me representa...




Francisco Rodríguez
Indice Político

Sólo hay dos palancas que muevan a los hombres: el miedo y el interés.
Napoleón Bonaparte


SEÑOR ALEJANDRO MARTÍ:
Recurro al género epistolar para preguntarle sin mayores preámbulos ¿con qué derecho se ha arrogado usted mi representación y la de millones de mexicanos que hemos decidido sí acudir a las urnas el 5 de julio venidero?
¿Quién le ha otorgado a usted el protagónico papel —maniqueo por si fuese poco— de decidir quiénes son los “buenos” y cuáles los “malos” de la jornada comicial?
¿“Buenos” nada más quienes le sigan el juego?
¿“Malos”, malvadísimos, aquellos que no acepten firmar sus compromisos ante notario público?
Me decepciona usted, señor Martí. Y vaya que con los años que ya cargo, poco es lo que me hace ilusión en la vida pública de mi país.
No le conozco personalmente, le consta.
Supe de usted cuando publicitó en cuanta columna financiera que se publica en la capital del país, que había llevado a cabo una muy exitosa venta de acciones de su negocio al ex bolsista Alfredo Harp Helú, quien fuese víctima de un sospechoso secuestro –en Izúcar de Matamoros, Puebla— hace ya más de una década.
Chapeau, don Alejandro. Se hizo usted de una gran cantidad de billetes verdes que, quizá, despertaron la ambición de los grupos delincuenciales, siempre amparados por la PFP y la Secretaría de (in)Seguridad Pública Federal, que más tarde secuestraron y cobraron la vida de uno de sus jóvenes hijos.
Más tarde volví a saber de usted por algunos sueltos de prensa en donde se informaba de su inconformidad con el SAT, porque no le habían dado el trato preferencial que sí recibió Banamex, de no pagar impuestos por la venta de su empresa. Si mal no recuerdo se hablaba de un centenar de milloncejos.
Con rabia compartida, poco más tarde, le acompañé en su dolor e indignación contra aquellos delincuentes y policías que raptaron y asesinaron a su hijo, aunque siempre me pregunté el porqué, después de haber presumido ser beneficiario de una operación multimillonaria en dólares, había regateado un par de ellos a los captores del muchacho que, de otra forma, hoy seguiría vivo, tal vez veleando en Valle de Bravo.
Como otros mexicanos, comencé a sentirme decepcionado por su —en aquel entonces— incipiente protagonismo, al aparecer fotografiado con los ocupantes de Los Pinos en la celebración de una misa en memoria del adolescente martirizado. Ya se conocía en aquel momento de la participación de los pupilos de Genaro García Luna y Facundo Rosas en los trágicos sucesos. Yo que usted, no los habría aceptado en una ceremonia tan significativa y por ende tan dolorosa.
Semanas después usted acaparó titulares y primeras planas con su frase lapidaria: “¡Si no pueden, renuncien!”
Y así y ahí inició su perdición.
La vorágine llamada fama pública, aparentemente, le afectó más que la pérdida de su familiar. Con sus recursos y con los de muchos otros, inició una asociación civil, SOS, y una tournée mediática imparable. Un carrousel que, definitivamente, lo ha mareado.
Aún montado en su “caballito”, ya dio usted el brinco señor Martí. Amplió su radio de acción. De temas de seguridad, que competen al Ejecutivo Federal que “haiga sido como haiga sido” titula el señor Calderón, ha saltado usted a los reformistas electorales, que competen al Legislativo. Ya soslaya el tema que lo llevó a la fama. Ahora enfatiza el que puede mantenerlo en el candelero unas semanas, ¿unos meses?, más.
¿Por qué señor Martí? No quisiera creer que ya soslaya el fracaso de la lucha de Calderón contra el crimen, porque —como dicen cada vez más empresarios y socialités a quienes avergüenza su actuación— ya se “arregló” usted con el temible fisco. Ya le dieron el trato que recibieron Citi y Banamex.
Tampoco quiero dar crédito a esas otras versiones que “explican” esta oportunista faceta de su protagonismo, en las facilidades que se le habrían otorgado para abrir más y más franquicias de sus negocios.
No espero respuesta de su parte, don Alejandro.
Esta carta es solamente para informarle en tono de reclamo que usted a mí no me representa.
Allá los candidatos a diputados federales que ya le firmaron el compromiso ante notario. Si ganan los comicios, lo tendrán a usted permanentemente como El Gran Elector.

Índice Flamígero: Don Abelardo Escobar Prieto, que así se llama el secretario de la Reforma Agraria, tiene sobre su escritorio la denuncia de un ciudadano también decepcionado por las corruptelas que se dan al amparo de los programas asistencialistas FAPPA y PROMUSAG, que implican varios millones de pesos escamoteados a los beneficiarios: hombres y mujeres del campo de cuya pobreza todos se aprovechan. En pocas palabras, a los campesinos les escamotean el 20% de los apoyos, a ciencia y paciencia de las autoridades. Esperan su respuesta, señor secretario. + + + QUIZÁ POR LA cercanía de los comicios, ya aparece en eventos vespertinos. Pero, fíjese usted bien: sus discursos y declaraciones invariablemente contienen broncas o desatinos. Sería mejor si se mantuviera “guardado”, ¿no cree usted?


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