domingo, 10 de mayo de 2009

El Día de las Madres, un fraude

El Despertar/José Agustín Ortiz Pinchetti

Voy a abandonar la línea política. Hablar mal del Día de las Madres, la fiesta más popular en México después de la de Guadalupe, es exponerse a ser apedreado, al menos, simbólicamente. Por un prejuicio heredado de mi padre, yo considero este día un fraude. Según él me contó a detalle y yo lo confirmé en mi larga vida, se trata de un invento de los comerciantes que veían decaer sus ventas a mediados de año. México fue un precursor. No es la única calamidad que hemos contagiado. Los demás países tienen la buena costumbre de celebrar a sus madres el segundo domingo de mayo. Nosotros lo celebramos el día 10, caiga donde caiga, provocando un verdadero desastre que se suma a la multitud que cargamos a diario.

La ciudad se desborda de gente. Los hijos, nietos, yernos y nueras salen corriendo a comprar electrodomésticos con descuento. Las familias abarrotan restaurantes y fondas, los últimos en llegar comen platos de segunda mesa y reciben rosas marchitas. Es frecuente que la parentela le caiga a las madres en su casa y las obliguen a sudar la gota gorda para confirmar sus dotes de abnegada cocinera. Después los rebaños asisten a teatros, cines o parques para contentar a las madrecitas.

Según recuerdo, antes había cabecitas blancas. Ahora es una rareza encontrar a una mujer con cabellera de plata, como diría Agustín Lara en su canción. La mayoría de las señoras de edad son alabastrinas con cabelleras de seda ensortijadas que han sido embrujadas con filtro divino. Todas procuran cuidadosamente disimular arrugas, canas, imperfecciones faciales y corporales. Muchas dan el gatazo.

Quiero hacer una propuesta que será rechazada: ¿por qué no homenajear a nuestras reverendas el día de su santo (ya en desuso) o en su cumpleaños, o una vez por semana o todos los meses? Lo merecen.

Yo creo que la fidelidad del pueblo de México hacia el Día de las Madres expresa el enorme papel de la mujer como jefa de familia. Muchísimas mujeres atienden y sacan adelante una familia, donde el hombre ha muerto en forma prematura o las abandona, o está enfermo o es desobligado. En fábricas y oficinas, casi la mitad de las mujeres son jefas de familia. No sé si en otros países exista una situación semejante. Por ello, aquí el 10 de mayo tiene tanta repercusión. Carlos Fuentes se refiere a sus abuelas y reconoce en ellas a muchas madres mexicanas diciendo, con razón, que tienen cualidades heroicas. Mis propias abuelas, Adela y Margarita, tuvieron magnífico temple, y las recuerdo siempre al margen del rito consumista.